Un giro inesperado en el mundo de la inteligencia artificial
La firma de servicios profesionales KPMG ha tomado la drástica decisión de retirar un informe titulado “Redefiniendo la excelencia en la era de la IA agentiva” tras recibir múltiples quejas sobre la veracidad de sus afirmaciones. Este informe, lanzado en octubre de 2025, fue objeto de críticas por parte de varias organizaciones que aseguraron que las declaraciones sobre su uso de inteligencia artificial eran incorrectas.
Entre las entidades que desmintieron los datos presentados en el informe se encuentran UBS, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, Ferrocarriles Federales Suizos y Transport for London. Estas organizaciones manifestaron a través del Financial Times que las afirmaciones realizadas por KPMG eran engañosas o simplemente falsas.
El grupo de investigación GPTZero fue clave en identificar las inexactitudes presentes en el documento. Según ellos, muchas de estas discrepancias se debieron a lo que se conoce como ‘alucinaciones’ generadas por inteligencia artificial. En esencia, KPMG parece haber utilizado herramientas automatizadas para redactar un análisis sobre el uso de IA sin una supervisión humana adecuada.
Ante esta situación, un portavoz de KPMG declaró que están llevando a cabo una investigación interna para esclarecer los hechos y reafirmar su compromiso con el uso responsable de la inteligencia artificial. “Esperamos que todos nuestros colaboradores sigan nuestras directrices sobre el uso responsable de IA, lo cual incluye supervisión humana para validar contenido y verificar fuentes independientes”, afirmó el representante.
No es la primera vez que una firma importante enfrenta problemas relacionados con informes erróneos generados por inteligencia artificial. El mes pasado, EY también tuvo que retirar un informe sobre programas de recompensas debido a la inclusión aparente de notas al pie falsas y errores similares provocados por alucinaciones AI.
A medida que las empresas continúan integrando tecnologías avanzadas en sus operaciones diarias, surge una pregunta crucial: ¿cómo pueden garantizarse estándares éticos y precisos en un entorno donde los sistemas automatizados juegan un papel cada vez más prominente?


